
José Cueli
Junio 6 de 2025
El Quijote fantasmal, visión de aquello que constituye la seguridad (y que Freud quebrantó al enunciar que el hombre no era el centro de nada), vislumbró que nada era seguro. Desintegración inevitable, inmutable de lo que había sido el ser de las cosas: la imagen permanente del mundo. El Quijote advierte que no es tanto el trayecto lo que importa como el ser que solemos confundir con la vida que nos rodea. Cuando se incorpora, cual un personaje más al medio ambiente que lo circunda, el mundo se le conturba, y a pesar de negarlo deliberadamente, el espectro de lo vertiginoso, de lo inalcanzable, la verdadera faz del mundo, la inasibilidad, la falta, comienza a transparentarse, moverse, deslizarse, difuminarse como una transgresión decepcionante y pavorosa. Las cosas en las que había creído (la justicia, la libertad), al fragmentársele lo dejan devastado ante el vacío inexplicable en que se le convirtió lo viviente; engañado, busca una y otra vez la comparsa perdida.
La esperanza del Quijote en la sustancia de las cosas que se esperan. Espera que se dirime en aceptar lo que se siente que se tiene. Revestir la vida de espíritu, de ser espíritus espoleados por el anhelo de su categórica intuición creadora: el ser existe y es fluir del tiempo. Y es más, sólo el ser existe.
La contienda entre el ser y su apariencia, como nos demuestra Heráclito, colocado muy cerca de las lides de Freud y El Quijote, es a contracorriente. Ellos ponen el acento en sentido contrario a la unidad, la centralidad, la fijeza y la sistematización. Descubren que todo parece estar hecho de vaguedad, diferencia y mudanza. Que todo se mueve, se tornasola, se disgrega, desaparece, vuelve a aparecer.
El Quijote confunde lo aparente con lo real, lo fenoménico con la sustancia y de esta confusión de sentimientos habría de registrase su desencanto brusco y progresivo, el desvanecimiento de sus ideales como un delirio confundido con la vida. Andar no es otra cosa que tiempo puro, temporalidad discontinua, pensamiento de la diferencia. Camino en el que aparece lo impalpable, lo misterioso, el ser, eso que se nos escapa siempre, que se nos va de las manos.