El virus no es un enemigo externo, forma parte de un sistema alterado: Camacho Zarco

El experto publica Cien años después: Historia de dos epidemias // La ciencia progresa, pero sin respaldo social seguiremos siendo vulnerables, alerta
Daniel López Aguilar
Agosto 8 de 2025
En 1918, el mundo fue testigo de una hecatombe silenciosa. Murieron más personas por la llamada gripe española que en la Primera Guerra Mundial. En 2019, la humanidad volvió a enfrentar una amenaza invisible: el SARS-CoV-2, virus que trastocó rutinas, desgajó familias y dejó cifras rojas en ascenso.
Desde ese espejo de catástrofes separadas por un siglo, Cien años después: Historia de dos pandemias, del virólogo e investigador Aldo Román Camacho Zarco, y publicado por el Fondo de Cultura Económica, propone una lectura accesible sobre estos episodios, la evolución de las enfermedades y la compleja relación entre la humanidad y el entorno que la sostiene y transforma.
Escribí como si tuviera que explicárselo a mi abuelita. El libro nació como reacción al ruido. Durante los primeros meses de confinamiento (hace cinco años), mi familia recibía cadenas con curas milagrosas y teorías conspirativas. Me preocupaba no poder hacer más, señaló en entrevista con La Jornada.
Esa motivación devino en resistencia: contra la desinformación, la ansiedad y el olvido. Fue mi manera de mantenerme cuerdo.
Camacho Zarco (Ciudad de México, 1981) estudió química y farmacobiología. Obtuvo la maestría en ciencias bioquímicas en la UNAM. Realizó su doctorado en el Instituto Max Planck de Alemania y actualmente trabaja en el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, especializado en el estudio de enfermedades virales mediante técnicas de resolución atómica.
En su laboratorio, ubicado en la ciudad de Grenoble, donde vive desde 2017, investiga cómo ciertos patógenos, como la influenza aviar, infectan células humanas.
Durante la pandemia, fue testigo del esfuerzo científico por entender al SARS-CoV-2, que penetra en las células y se reproduce con rapidez, tan precisa como la confusión que simultáneamente se propagó en redes sociales.
Para el autor, la batalla por la verdad no terminó con el confinamiento. “Hoy hay brotes de sarampión en lugares donde la vacuna ha estado disponible por décadas. ¿Qué nos dice eso? Que necesitamos una vacuna contra la desinformación.
“La diferencia esencial entre ambas crisis sanitarias es que hace 100 años ni siquiera se conocía bien qué eran los virus. Ahora podemos observarlos con resolución atómica, es decir, con una precisión tan alta que permite visualizar sus estructuras a nivel de átomos.
“Pero esa distancia no es sólo técnica; también plantea un dilema ético: combatir microorganismos ya no basta. Es urgente repensar nuestra relación con el planeta que habitamos.
Invadir ecosistemas eleva el riesgo de contacto con nuevos patógenos. El cambio climático acelera el cruce de especies y, con ello, la aparición de agentes emergentes. El virus no es un enemigo externo que ataca. Forma parte de un sistema alterado. Es síntoma de un desequilibrio.
Sin perder de vista al lector, el científico examina también las dimensiones sociales y políticas de cada episodio epidémico. Quise que cualquier persona pudiera entenderlo. Por eso trabajé con la ilustradora y bióloga Emmi Mikkola. Creamos más de 30 ilustraciones a todo color. A veces, una imagen vale más que 10 párrafos.
El texto recorre momentos claves de las crisis sanitarias recientes: la influenza de 1918, el surgimiento del A/H1N1 en México en 2009 y la aparición del SARS-CoV-2 en 2019. Camacho examina los avances científicos, como las vacunas de ARN, junto con decisiones políticas, temores colectivos y errores que se repiten.
Aunque evita caer en especulaciones, no elude preguntas incómodas, como ¿tuvo origen el patógeno en un laboratorio? ¿Se pudo haber evitado? o ¿qué aciertos y fallas marcaron el camino?
Los científicos de 1918 intentaron aislarlo, pero carecían de herramientas. Hoy podemos secuenciar su genoma en cuestión de días. Sin embargo, de poco sirve si la sociedad no confía en la ciencia, puntualizó.
Uno de los capítulos más inquietantes, Patógenos del cuarto tipo, aborda la posibilidad de que microorganismos preservados en el permafrost –la capa de suelo permanentemente congelado en las regiones polares– se liberen a medida que avanza el deshielo.
No es ciencia ficción, aclaró Camacho Zarco, sino un llamado de atención sobre lo que está en juego. “Al desenterrar ecosistemas antiguos, liberamos microorganismos que jamás han interactuado con el sistema inmunológico humano.
“La gripe que causó millones de muertes y los brotes recientes de ébola, zika, SARS y MERS muestran cómo la humanidad convive con agentes infecciosos. Pero, a diferencia del pasado, hoy contamos con herramientas para prevenir, diagnosticar y tratar.
La biología estructural ha transformado la medicina. Con técnicas como la microscopía crioelectrónica podemos observar la arquitectura de los virus y diseñar fármacos específicos. Sin estos avances, no habría sido posible desarrollar vacunas con tal rapidez.
–¿Estamos preparados para una próxima propagación masiva?
–Cada vez más, en el plano científico. Pero socialmente, no. La desinformación representa una amenaza real. La ciencia progresa, pero sin respaldo social seguimos siendo vulnerables. No es un juicio, sino un llamado urgente.
“Los científicos tenemos la responsabilidad de comunicar mejor, no sólo en artículos especializados, sino también en libros, redes sociales y todos los medios posibles.
Es probable que surja otra emergencia epidemiológica. Lo crucial es saber si estaremos mejor preparados: con laboratorios eficaces, sociedades informadas, políticas públicas responsables y un mayor cuidado del entorno natural.
La Jornada