Cultura

Arundhati Roy habla de cómo sobrevivir en una “cultura del miedo”

En agosto, el pódcast “The Interview” de The New York Times habló con la escritora Arundhati Roy sobre su nuevo libro de memorias y hacia dónde se dirige Estados Unidos

Lulu García-Navarro

sábado, 13 de diciembre de 2025

Conforme crecemos, a menudo nos cuesta trabajo entender el efecto que tienen nuestros padres en nuestras vidas. Para la autora Arundhati Roy, ese proceso ocurrió tras la muerte de su madre y dio lugar a su libro de memorias, Mi refugio y mi tormenta.

El libro es en parte una crónica de la compleja relación de Roy con su madre, Mary Roy, cuyos ataques de “furia feroz”, como Roy los describe, la marcaron tanto a ella como a su hermano. Pero Mary tenía otra faceta, la de activista de la educación y los derechos de la mujer en India, algo que Roy admiraba muchísimo. Sin embargo, el libro no solo trata de la madre de Roy.

También es una búsqueda de las raíces de la evolución de Roy hasta convertirse en una escritora decidida a exponer el dolor y el sufrimiento del mundo.

A medida que se desdibuja la línea entre la vida real y la ficción, el cine y la televisión pueden ayudarnos a entender el mundo cambiante

Roy ha dedicado su carrera a escribir sobre las vidas complejas y las intensas dificultades de las personas marginadas y oprimidas en India. Su primera novela, El dios de las pequeñas cosas, galardonada con el Premio Booker, la convirtió en una estrella literaria internacional cuando se publicó en 1997. Roy pasó la mayor parte de los años siguientes escribiendo artículos sobre diversas injusticias. Debido a ese trabajo y a su activismo político, Roy ha sido blanco en repetidas ocasiones del gobierno indio del líder populista Narendra Modi.

Hablamos de su madre, del precio de alzar la voz y de los paralelismos que ve entre la India del gobierno de Modi y los Estados Unidos de la presidencia de Trump.

La siguiente es una transcripción de dos conversaciones entre Lulu García-Navarro y Arundhati Roy en “The Interview”. Se ha editado y resumido.

P: Tu libro me recordó una cita del poeta Czeslaw Milosz, que escribió: “Cuando en una familia nace un escritor, se acaba la familia”. ¿Te costó trabajo decidir cuánto revelar sobre tu madre y tu familia?

R: Cuando escribes algo así, eliges lo que escribes y lo que no. Pero sé que esto no funciona como literatura si se intenta presentar una versión aceptable de una misma o de la otra persona [Mary Roy]. Entonces, es mejor no hacerlo. Sin embargo, no fue tan difícil porque lo increíble era que una parte de ella me destrozaba, pero también me formaba. Estaba esa parte pública de ella, que era tan extraordinaria, así que nunca podía establecer lo que de verdad pensaba o sentía. El gran espectro [de su personalidad] era un reto para mí como escritora: ¿Puedo escribir sobre este personaje irresoluble?

P: Hablemos ahora de la parte pública de su vida. ¿Quién era ella fuera de su relación?

R: Pertenecía a la comunidad cristiana siria de Kerala, una comunidad minúscula pero privilegiada, aislada de la locura y la pobreza del resto de India. Pero se casó fuera de la comunidad y luego se divorció, lo que era un tabú absoluto. Finalmente, construyó una hermosa escuela, que sigue funcionando.

Pero también es conocida porque, cuando dejó a su marido, mi padre, vivimos en una casita de campo (en Tamil Nadu) que pertenecía a su cruel padre, ya fallecido. Vinieron su madre y su hermano mayor, nos pidieron que nos fuéramos de la casa y dijeron que, según la Ley de Sucesión Cristiana de Travancore, una hija puede heredar una cuarta parte de los bienes de su padre o 5000 rupias, lo que sea menor. Así que mi abuela y mi tío nos iban a echar a la calle en plena noche. Corrimos a ver a un

abogado, y nos dijo que la ley se aplica en Kerala, pero no en Tamil Nadu. Así que no nos echaron, pero ella albergó esa humillación, y se lo guardó durante mucho tiempo. Luego, cuando se lo pudo permitir, presentó un recurso ante el Tribunal Supremo de India con el fin de impugnar esa ley y tacharla de inconstitucional. El Tribunal Supremo la anuló con efecto retroactivo y estableció la igualdad de herencia para todos.

P: Hay un momento que me impresionó mucho. Escribes que tu hermano recibió un informe del colegio que decía “estudiante mediocre”, y tu madre le pegó con una regla hasta romperla. La mañana siguiente, se volvió hacia ti y te dio un abrazo porque tu boletín de notas había sido bueno y decía que eras brillante. Y escribiste: “Cuando me felicitan o me aplauden, siempre tengo la sensación de que a alguien más, alguien callado, lo están golpeando en otra habitación”. Esto me dejó helada.

R: Creo que la frase que sigue es: “Si lo piensas un poco, es verdad, alguien está haciendo eso”. Para mí, cuando te felicitan y te premian, y todo el mundo aplaude, y sabes que golpearon a alguien tranquilo a quien amas, eso es algo que va mucho más allá de mi hermano y de mí. Se extiende al país en el que vivo ahora o al mundo. Puedo ser escritora con lo que convencionalmente se conoce como éxito. Pero también están golpeando las cosas sobre las que escribo y a las personas sobre las que escribo, en este mismo instante, mientras tú y yo hablamos.

P: En India te amenazan legalmente por tus escritos y por cosas que has dicho. ¿Cuál crees que es el papel de los escritores y creadores cuando hay censura y gente que intenta silenciarte?

R: Tanto en la Unión Soviética como en Alemania Oriental o en los lugares y épocas más oscuras, los escritores han logrado sobrevivir. Su trabajo ha sobrevivido. Para mí es muy importante entender que no puedo seguir tocando la misma nota una y otra vez. Hay que cambiar. Hay que experimentar. Tienes que insistir en que tu trabajo no solo es una reacción a lo que te pasa. Tu trabajo es algo en sí mismo, una forma de plantear otra cosmovisión. Y eso es un reto, porque no puedes hacerlo como un manifiesto, pegándole a todo el mundo en la cabeza con un martillo ideológico. Hay que hacerlo con belleza. Alguien me dijo: “Ah, la razón por la que me gusta lo que escribes es que escribes como si ya te hubieran matado. (Risas). No te contienes”.

P: El gobierno regional indio de Cachemira prohibió uno de tus libros, Azadi, publicado en 2020, el cual trata de la lucha en la Cachemira controlada por India, y de los conceptos de libertad y autoritarismo en general. La directiva decía que tu libro y otros “impactarían de manera profunda en la psique de la juventud al promover una cultura de agravio, victimismo y heroísmo terrorista”. ¿Por qué crees que incluyeron tu libro en esa lista, y cuál es tu respuesta en términos más generales?

R: Mi respuesta es no responder, porque no lo sé. Parece una lista que sacaron de ChatGPT. Nunca se sabe por qué pasan estas cosas cuando ocurren. Ahora, cuando se dirigen a mí, simplemente no digo nada, porque nunca sabes si lo dicen en serio o sólo es una cortina de humo para distraer a la gente de otra cosa. No tengo ni idea, así que no voy a decir mucho al respecto.

P: En la actualidad, estás amenazada de arresto en India por unos comentarios que hiciste sobre Cachemira en 2010. ¿Te sientes cómoda al explicar tu postura?

R: En realidad no quiero hablar de eso, porque solo aumenta el riesgo de que algo se saque de contexto y el asunto estalle. Ahora mismo está latente, así que no hablaré mucho al respecto.

P: Incluso es la forma en que estás respondiendo, es decir, que no quieres hablar de ello por miedo a las repercusiones legales, ¿qué nos dice eso?

R: Bueno, creo que en Estados Unidos se está empezando a ir en esa dirección. La nuestra (la dirección de la India) empezó hace mucho tiempo, y hay que aprender a navegar por ella. Y la razón por la que no hablo de eso es que prefiero escribir lo que quiero escribir a que haya polémica sobre algo que digo de improviso. Es como si siempre estuvieran intentando ponerle la zancadilla a la gente y evitar que pienses con claridad. Esta cultura del miedo está por todas partes. Detienen a la gente por

cosas que dice en Facebook, en Twitter o por lo que no se dice. En Estados Unidos parece algo nuevo, pero nosotros hemos vivido con eso hace ya tiempo, y cada vez está más normalizado.

P: Me encantaría conocer tu opinión sobre cómo ves los paralelismos entre el movimiento nacionalista hindú en India y el movimiento MAGA [Make America Great Again] aquí en Estados Unidos.

R: Una de las primeras cosas que sucedieron cuando Modi llegó al poder fue la desmonetización, un golpe directo a la economía en el que dijo que los billetes de 500 rupias eran ilegales de la noche a la mañana. Si nos fijamos en el ataque a la ciudadanía, el ataque a las universidades, el ataque a los estudiantes, el ataque a los rohinyás, la continua incertidumbre, el hecho de que te pueden tender una emboscada por cualquier cosa en cualquier momento… es tan parecido que uno se pregunta: ¿hay un manual o sólo es un comportamiento autoritario osmótico? El partido en el poder se confunde con el gobierno y todo ello se confunde con un hombre. Así que eso se está viviendo en Estados Unidos, y yo lo observo impactada. Uno pensaría que había un mecanismo, que había límites y contrapesos. Pero está claro que no hay una manera de manejar a alguien que está completamente fuera de control. Un ejemplo es la forma en que están despidiendo a los estadísticos por dar cifras con las que el autoritario no está de acuerdo… y pasa lo mismo aquí. No se puede creer en ninguna de las cifras económicas del gobierno, porque todo lo que no se ajusta a la élite gobernante se descarta, se tira a la basura y se pone una nueva imagen en su lugar.

La única gran diferencia es que, en India, los principales medios de comunicación se han visto afectados por completo. No solo cedieron por completo, sino que en realidad son un órgano del Estado autoritario. Piden la detención de personas o inventan mentiras. Y, por supuesto, Estados Unidos está sentado en la cima de un mundo que se desmorona. Lo que haga Trump afecta a todo el mundo, mientras que aquí solo se afecta a este país.

P: ¿Por qué crees que los líderes autoritarios persiguen a gente como tú, gente que trabaja con ideas?

R: Les aterroriza la gente que se puede comunicar, no solo con el cerebro, sino también a través de las emociones. Por pequeños que sean, e incluso por muy poco acceso que tengan a la corriente dominante o a los estruendosos presentadores de televisión que golpean el púlpito, saben que hay algunas personas que sí llegan a ser escuchadas. Saben a quién lee la gente. Saben a quién quiere la gente. También saben a quién no le interesan las cosas que a todos los demás les interesan: la fama, el dinero y los premios. Hay mucha gente así que saben que no se doblegará. Sólo somos personas que observan la realidad y dicen las cosas como son.

Distribuido por New York Licensing

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