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Obreros portuarios exigen devolución de bienes tras 35 años del despojo ordenado por Salinas

Desde el Altiplano

Ricardo Ravelo

Diciembre 22 de 2025

Después de que el expresidente Andrés López Obrador prometió, una y otra vez, resolver el conflicto laboral que enfrentan los trabajadores portuarios de Veracruz tras la requisa ilegal que ordenó Carlos Salinas en 1991, el problema sigue sin solución.

El gremio, conformado por 461 socios actualmente –más de la mitad han fallecido desde 1991 a la fecha –enfrenta demandas contra instituciones del Gobierno Federal por falta de pensiones y viviendas, pues perdieron sus derechos y hasta ahora ninguna autoridad les ha dado solución a sus demandas.

También existen litigios por la concesión de los muelles, en particular el número 9, que le pertenece al Sindicato de Maniobristas, Carretilleros y Cargadores, la cual les fue arrebatada tras la requisa orquestada por Carlos Salinas y apoyada en Veracruz por el entonces gobernador Dante Delgado, a quien califican “como un traidor de la lucha obrera”, igual que al magnate Carlos Slim, uno de los beneficiarios de la requisa portuaria gracias al golpe asestado por Salinas de Gortari.

El dirigente de los trabajadores portuarios, Alejandro Pulido Cueto, sigue en pie de lucha desde hace varios años para recuperar el patrimonio que Salinas de Gortari les arrebató en 1991.

En aquella dolorosa etapa, los obreros maniobristas –entonces eran 850 socios –fueron despojados de los muelles, inmuebles, derechos laborales, cuentas bancarias tanto del sindicato como de la empresa Servicios Portuarios de Veracruz. Los edificios fueron entregados al SAT y a otras instituciones para que fueran utilizados como oficinas gubernamentales; las cuentas bancarias, 48 en total, siguen congeladas por el SAT y se mantienen activas en Banamex, pero ni el SAT ni la Comisión Nacional Bancaria y de Valores tiene voluntad de devolverlas, de acuerdo con Pulido Cueto.

Entrevistado en el puerto de Veracruz, Pulido Cueto explica que la causa obrera sigue avanzando con demandas, bajo el argumento, dice, de que la requisa de 1991 fue ilegal, violatoria de los derechos humanos de los obreros. También existen violaciones laborales cuyos daños no han sido reparados. “Estas violaciones son imprescriptibles, es decir, no fenecen y por ello seguimos en la lucha legal para recuperar nuestro patrimonio”.

–El entonces presidente López Obrador los engañó, como has denunciado varias veces, a pesar de que se comprometió a resolver el conflicto. ¿Pese a ello, confías en la presidenta Claudia Shienbaum?

–Tenemos confianza en la presidenta, ella nos ofreció ver el tema; también confiamos en el secretario Omar García Harfuch, quien posiblemente llega a la Secretaría de Gobernación, donde nuestro asunto se estuvo discutiendo durante el sexenio anterior. Ha faltado voluntad política para atender nuestro problema y darle solución.

Pulido expone que debido a la requisa ilegal de Salinas el gremio que representa sufrió daños y perjuicios por 292 mil millones de pesos. Perdieron también la concesión, que comprende, apunta, todos los muelles del puerto de Veracruz, pero sólo estamos pidiendo que nos entreguen el muelle número 9. No queremos afectar a las empresas que están operando en el puerto. El muelle 9 comprende 43 hectáreas. Lo que sí quiero dejar en claro es que no queremos ir en contra de los trabajadores ni de las operaciones portuarias. Sólo queremos justicia: que nos devuelvan nuestros edificios, cuentas, derechos laborales, que nos entreguen pensiones y que nos entreguen las casas que siguen pendientes.

–¿Están dispuestos a negociar con el gobierno? –se le pregunta al líder sindical.

–Siempre hemos estado abiertos al diálogo, a la negociación, pero también estamos caminando por la vía legal. Es urgente que ya nos resuelvan este problema porque nuestros viejos se están muriendo. Hay muchos socios que están enfermos, carecen de atención médica, no tienen recursos ni para medicamentos. Esta parte humana no la ha atendido el gobierno hasta la fecha. Cuando alguno de nuestros socios se enferma nos cooperamos entre todos para comprar medicinas y si fallece también hacemos lo mismo para cremarlos o sepultarlos.

El Sindicato de Maniobristas, Carretilleros y Checadores del puerto de Veracruz fue uno de los gremios más poderosos de América Latina. Cuando era presidente Carlos Salinas comenzaron a vender empresas del gobierno, pese a que muchas eran rentables, como fue el caso de Teléfonos de México. En el puerto de Veracruz vieron un gran negocio y nos lo arrebataron con amenazas de muerte, según recuerda Pulido Cueto.

“Fernando Guitérrez Barrios nos mandó amenazar: nos dijo que nos iban a desparecer aventándonos al mar si no firmábamos todos los documentos que ya traían para quitarnos nuestro patrimonio. Aquello fue un atraco que hasta la fecha sigue irreparable”.

Después de aquel golpe, muchos socios del sindicato se suicidaron. Algunos se aventaron de las azoteas de los edificios, otros se ahogaron en el mar. Todo fue una desgracia.

Pero los ganones, dice Pulido, fueron Salinas, Slim y Dante Delgado, porque ellos crearon las empresas para explotar el puerto y hasta los dirigentes sindicales fueron elegidos mediante dedazo por ellos mismos. Así nos fracturaron.

Tenemos documentos que avalan que después del atraco Carlos Salinas le ordenó a Pedro Aspe, entonces secretario de Hacienda, que nos devolvieron los edificios y cuentas. Y así se hizo, pero nosotros como sindicato habíamos desaparecido y no teníamos personalidad jurídica para exigir nada. Además, como nos habían amenazado de muerte no quisimos mover nada hasta que retomamos el asunto casi treinta años después.

Respecto de las 43 cuentas bancarias que les fueron aseguradas al gremio en 1991, a los trabajadores les han negado la entrega. Es más, ni siquiera tienen acceso a los saldos. 35 años después pudieron conocer el saldo sólo de nueve cuentas “que estamos tratando que nos las devuelvan”, pero todo ha sido una lucha brutal contra la burocracia y la negativa oficial, dice Pulido.

–Pero aun así confían en la presidenta?

–Tenemos confianza, es lo único que tenemos. Lo demás no depende de nosotros: depende de la voluntad de la señora Sheinbuam. Ojalá se toque el corazón por nuestros trabajadores, pues muchos están bastante enfermos y lo menos que merecen es justicia después del despojo que sufrimos en 1991.

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