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La grandeza de la pequeñez en las abejas

Horizonte ciudadano

Rosa Esther Beltrán Enríquez

Mayo 19 2020

No escribir sobre el Covid-19 ahora es salirse de la línea de fuego, huir de la trinchera, porque ese el tema del momento, la urgencia, pero me parece que quien se ocupe de leernos debe tener la posibilidad de mirar a otro lado.

Ellas nos son casi invisibles, pequeñas, pero por fortuna ahí están todavía y significan vida, por ello es preciso alimentar la conciencia social sobre la importancia de sus funciones, para ello la ONU estableció el 20 de mayo, hoy como el Día Internacional de las Abejas, porque de ellas depende la vida de la fauna y de los humanos.

La polinización es un proceso fundamental para la supervivencia de los ecosistemas, esencial para la producción y reproducción de numerosos cultivos y plantas silvestres, el 90 por ciento de las plantas con flores dependen de la polinización para reproducirse; asimismo, el 75 por ciento de los cultivos alimenticios del mundo necesitan en alguna medida de la polinización, así como el 35 de las tierras agrícolas mundiales.

La fauna polinizadora no solo contribuye directamente a la seguridad alimentaria, sino que además son indispensables para conservar la biodiversidad, las abejas, las mariposas, los murciélagos y los colibríes entre otros, están cada vez más amenazados por los efectos de la actividad humana.

Nuestra calidad de vida depende de estos pequeños seres a los que ignoramos, desconocemos o hasta despreciamos, los estudios sobre las abejas se multiplican. La UNAM ha elaborado documentales sobre la variedad de los murciélagos y la importancia de sus funciones, entre las que están la dispersión de semillas y el control de plagas, por lo que su cuidado resulta indispensable para el medio ambiente pues también corren peligro de extinción. 

La ignorancia de los humanos nos hace la peor amenaza para los murciélagos por los mitos de que son chupasangre convirtiéndolos en víctimas de nuestra depredación.

Me sorprende saber y ver cómo los europeos mantienen sus propios apiarios y son apicultores, aunque los agricultores buscan tener sus colmenares porque así aseguran la polinización de sus cultivos, sobre todo si son flores.

Los campesinos, agricultores y pueblos originarios debieran reservar algunas zonas como hábitat natural de las abejas, crear barreras vegetales, reducir o modificar el uso de pesticidas, respetar los lugares de anidación y sembrar atractivos de cultivo para llamar a las abejas alrededor del campo.

Las autoridades de los 3 niveles de gobierno deben fomentar la participación, el intercambio de conocimientos y empoderamiento de los pueblos rurales e indígenas, así como de las comunidades locales, también aplicar planes estratégicos, incluidos incentivos económicos para promover el cambio e incrementar la colaboración entre organizaciones nacionales e internacionales, las instituciones académicas y redes de investigación pueden gestionar, investigar y evaluar a los polinizadores y los servicios de polinización, esto ya se hace en la UNAM y Chapingo.

Tú, si amas a la Pachamama cultiva todas las plantas autóctonas que puedas para que florezcan en diferentes épocas del año. Compra miel sin refinar a los agricultores de tu zona y productos a los que cultivan mediante prácticas agrícolas sustentables, protege las colonias de abejas silvestres, apadrina una colmena, deja una cazuela poco profunda con agua limpia y piedras o palos para que las abejas beban y no se ahoguen, ayuda a mantener los ecosistemas forestales. Crea conciencia sobre la situación y el descenso en el número de abejas que afecta a toda la humanidad.

Cuidar y proteger a los polinizadores a fin de que puedan contribuir –como lo hacen- de forma significativa a resolver los problemas relacionados con el abastecimiento de alimentos para el mundo y disminuir o terminar con el hambre en los países en desarrollo como México es una obligación nuestra.

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