Cultura

TRANSITAR POR EL CONOCIMIENTO, VIVIR EN EL CONOCIMIENTO

 

 

 

Tere de las Casas Mariaca

 

 

 

Es fácil adquirir conocimientos, lo difícil es conservarlos. La información constituye patrimonio de la humanidad, pero para convertirla en patrimonio propio se requiere de un método.

Supongamos, por ejemplo, que una persona decide cultivarse y empieza leyendo un libro sobre la Revolución Francesa, al terminar continúa con una antología de cuentos de fantasmas, después se interesa en la formación del Sistema Solar, más tarde lee un ensayo sobre los avances tecnológicos, sigue adelante con la biografía de un famoso científico, y así se la pasa brincando de un tema a otro hasta leer un total de 40 libros. No tardará en sentir mucha frustración, al darse cuenta de que ha aprendido demasiado poco porque se ha olvidado de casi todo lo que leyó.

Para adueñarse del conocimiento, es necesario transitar por él, vivir en él. Ilustremos esto con otro caso hipotético: le preguntamos a Roberto cómo es la calle donde se encuentra su hogar, y él nos la describe con todos sus detalles, los colores de las casas, los tipos de negocios que hay en ella, los letreros, las señalizaciones, etc. Conoce incluso los nombres de algunos vecinos, del de la tienda de abarrotes y los de los empleados de la farmacia. Sabe también que a las 7 de la mañana llega una persona a barrer la calle y recoger la basura, a las 7.30 aparecen los vendedores del gas, a las 4 de la tarde salen los niños a jugar futbol, a las 6, Lupita pone un puesto de elotes en la esquina, a las 7 de la noche pasa el vendedor de tamales, y a las 9 un chico llega a visitar a su novia, pero como no tiene timbre, la llama a gritos. Nos cuenta también que desde su calle se escuchan las campanas de la iglesia que llaman a misa, que tres veces al día se percibe un olor delicioso del pan recién horneado de la panadería, que algunas madrugadas lo despiertan los ladridos de un perro y que los sábados por la noche sus fiesteros vecinos no lo dejan dormir.

Roberto conoce su calle a la perfección, puede decirnos cómo se ve, a qué huele, cómo suena y a qué sabe, porque todos los días transita por ella, porque vive en ella.

Un día, se va de vacaciones a una ciudad donde nunca ha estado. Le dicen que la mejor forma de conocerla, es caminar por sus calles, se pone unos zapatos cómodos y sale a visitarla. La recorre con ojos, olfato y oídos curiosos y atentos. No deja que se le escape nada, algunas cosas le gustan, otras le asombran, unas más le desagradan. Habla con la gente, hace preguntas, comenta sus impresiones.

Cuando ha recorrido un total de 40 calles, decide que también quiere saborear la ciudad y entra a un restaurante que ofrece platillos típicos. Mientras come, se da cuenta de que no recuerda nada con precisión y sería incapaz de describir detalladamente ninguna de las calles que acaba de recorrer. Sabe que pasó por una escuela, pero no se fijó cómo se llama, tampoco puede recordar en qué calle está la zapatería cuyo aparador se detuvo a ver, ni de qué color es el edificio más alto.

Con el paso del tiempo, lo poco que su memoria pudo retener de las 40 calles irá borrándose hasta que ya sólo se acuerde de lo más llamativo. Le ocurrirá lo mismo que al lector de 40 libros de diferentes temas, porque sólo una vez transitó por esas calles y nunca vivió en ellas.

Así pues, para apoderarse del conocimiento, hay que elegir primero un tema y no dejarlo hasta que uno crea que ya conoce bastante sobre él. Por supuesto que debe tratarse de algo que a uno le apasione, porque sería un tormento transitar y vivir un tema que no le agrade o le parezca aburrido. Es como casarse con él, estar todo el tiempo a su lado, cuestionarlo, pensar en él, amarlo, soñarlo, contemplarlo, verlo por todos sus ángulos, pedirle que nos revele sus secretos, hablar de él, dejarlo que nos sorprenda, recorrerlo, transitarlo, ¡vivirlo!

Después de eso, uno queda tan enamorado que se convierte en su amante más fiel, su seguidor más leal, el mayor de sus admiradores.

Pero, ¿cómo elegir el tema, si el conocimiento es tan vasto?

Eso depende de los gustos e intereses de cada persona. Si no sabe qué le gusta, tiene que leer un poquito de varios temas hasta que alguno llame su atención. Si le gustan muchos, deberá ser paciente y empezar por uno, no se puede abarcar todo de una vez, ya habrá tiempo para aprender otras cosas.

No estoy recomendando volverse un especialista en un tema y un ignorante en todos los demás, mi recomendación es profundizar en cada uno, ayudar a la mente a procesar la información y conservarla, dándole mucho de lo mismo durante un tiempo prolongado, y no un poquito de mucho. Algunos lectores suelen decir jactanciosamente: «Yo leo todo lo que cae en mis manos». A mi parecer, eso es un error, pues además de que caen textos de diversos asuntos, se cuela mucha basura.

Una vez elegido el tema, hay que empezar por el principio, por lo más básico para ir avanzando lentamente. No se puede aprender sobre un período histórico sin conocer los antecedentes, ni sobre una teoría de física sin poseer por lo menos conocimientos básicos de esta ciencia. Hay libros para principiantes sobre todas las materias. El estudio debe continuarse sólo hasta que todo haya quedado bien comprendido, de otro modo se van arrastrando dudas, lagunas y vacíos de información, e inevitablemente llega un momento en que ya no se entiende nada.

El aprendizaje no exige esfuerzos ni sacrificios. El conocimiento siempre es apasionante y uno puede convertirlo en una diversión estupenda.

Sobre cualquier tema que uno elija, hallará abundante información en libros, revistas, periódicos, películas, la Internet, la radio, la televisión, conferencias, cursos, museos, exposiciones…

Cuando algo despierta nuestro interés, nos transformamos en radares que detectan todo lo que con él se relaciona y nuestro mundo se llena hasta el tope de misterios por descubrir.

La vida, entonces, adquiere un nuevo y muy profundo significado.

 

*Tere de las Casas es profesional independiente en el sector de las Bellas Artes, cuentista, cuentacuentos y escritora, desde hoy colaboradora de Demócrata Norte de México.

 

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