
Desde El Altiplano
Ricardo Ravelo
Septiembre 5 de 2026
Al interior del partido MORENA, las turbulencias políticas siguen sacudiendo los cimientos de ese instituto político, ya por acusaciones de varios de sus militantes por ligas con el crimen; las andanzas mafiosas de Andrés Manuel López Beltrán —“El Andy”— o bien por la arrogancia del gobernador Rubén Rocha Moya, quien buscó retomar la gubernatura de Sinaloa, o por la indecisión del senador Enrique Inzunza de solicitar licencia a su cargo y someterse a las investigaciones de Estados Unidos y México por sus nexos con el crimen organizado.
El fin de semana pasado, el gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, sacó la cabeza con el objetivo de retomar el cargo de gobernador. Se daba como un hecho que retornaría a la gubernatura, pues se vencía la licencia temporal que solicitó, hace más de tres meses, tras la solicitud de Estados Unidos de que fuera capturado con fines de extradición junto con otros nueve exfuncionarios sinaloenses.
Rocha Moya sobrepasó el descaro, pues su actitud cínica hizo que ni siquiera le informara a la presidenta Claudia Sheinbaum sobre sus intenciones de volver a la gubernatura, mucho menos, claro está, le consultó tal decisión. No se sabe si quiso regresar al poder por decisión propia o porque el expresidente Andrés Manuel López Obrador —su socio y cómplice— se lo pidió para medir a la mandataria.
López Obrador —el gran farsante del combate a la corrupción y al crimen organizado—, según fuentes consultadas, abandonó su rancho “La Chingada” en Palenque, Chiapas, para afincarse en la Ciudad de México. Según diversas versiones, despacha en un rancho propiedad del cacique sindical Pedro Haces, en el Estado de México, desde donde toma decisiones, mueve sus piezas, gira instrucciones y se entromete en la vida pública sin sacar la cabeza, pues no tiene cara para enfrentar al pueblo de México.
Rocha Moya, a diferencia del apoyo que recibió en otro momento, esta vez fue objeto de rechazo por parte de diputados, senadores y varios gobernadores, quienes se opusieron a que retomara la gubernatura porque, primero, está sujeto a investigación por parte de la Fiscalía General de la República (FGR) y, segundo, tiene un expediente abierto en Estados Unidos por tráfico de fentanilo, cocaína y heroína; tráfico de armas y lavado de dinero que ya derivaron en una orden de captura con fines de extradición. Pero la FGR no ha procedido a su detención, lo que ha dado pie a versiones, no del todo infundadas, de que Rocha está protegido por la presidencia de la República.
Ante el rechazo de sus correligionarios, Rocha Moya decidió pedir licencia indefinida al cargo de gobernador, el Congreso de Sinaloa tomó protesta a Graciela Domínguez como gobernadora interina. Su periodo termina en octubre de 2027.
Rocha Moya se queda como gobernador con licencia y con fuero, pues no se sabe, hasta ahora, qué pasará con su futuro, si será o no entregado a la justicia estadunidense, que lo reclama para juzgarlo, aunque en México tanto la presidenta Claudia Sheinbaum —haciendo el papel de fiscal— ha dado largas a este tema solicitándole pruebas a las autoridades estadunidenses. Las pruebas no llegarán mientras Rocha Moya no sea detenido.
Por otra parte, este miércoles 26, el senador Enrique Inzunza decidió separarse del Grupo Parlamentario de MORENA en el Senado de la República y ahora será senador independiente. Esto lo hizo público a través de una carta que dirigió al jefe de la bancada morenista, Ignacio Mier.
Su decisión no dejó de causar reacciones, la principal, la de la dirigente de MORENA, Ariadna Montiel, quien expresó su inconformidad con la decisión de Inzunza, de quien dijo que ni siquiera le informó al partido sobre la decisión que iba a tomar.
“Hubiera sido preferible que solicitara licencia” –dijo –para que enfrente las investigaciones en su contra, remató, refiriéndose tanto a las que realiza la FGR y varias agencias estadunidenses que, al igual que Rocha Moya, es solicitado por Estados Unidos en extradición para enfrentar el voluminoso expediente que tiene abierto en ese país por nexos con el cártel de “Los Chapitos”.
Cuando fungía como secretario General de Gobierno de Rocha Moya, Inzunza era el enlace entre el gobierno estatal y el cártel de Sinaloa existen datos y evidencias de varias reuniones que sostuvo con los jefes del cártel sinaloense.
Así, con el poder económico, político y criminal, Enrique Inzunza era el candidato preferido de Rocha Moya para sustituirlo en el cargo cuando terminara su gobierno. Pero la petición de Estados Unidos de que sea capturado, sometido a proceso y luego extraditado, le impidió ser el elegido para el gobierno de Sinaloa.
Desde que tronó el escándalo por la solicitud de Estados Unidos, Enrique Inzunza se ausentó de sus tareas legislativas. Lleva más de cien días sin presentarse a trabajar al Senado de la República, pero sí recibe su salario como legislador, vía cheque de caja, pues sus cuentas bancarias están congeladas.
A todo esto se suman los casos de los gobernadores bajo investigación por parte de Estados Unidos, entre quienes destacan María del Pilar Ávila de Baja California; Alfonso Durazo, de Sonora; Américo Villarreal, de Baja California; Alfredo Ramírez Bedolla, de Michoacán, así como el senador Adán Augusto López Hernández y el hijo del expresidente López Obrador, conocido en el mundo del hampa como “El Andy”, y cuyo nombre es Andrés Manuel López Beltrán, presuntamente ligado a negocios como el huachicol fiscal.
Así, el partido en el poder enfrenta una de sus crisis más agudas desde su fundación; bastaron seis años, el sexenio de López Obrador, para sepultar un proyecto que supuestamente nació del pueblo, pero que terminó traicionado por sus propios fundadores, pues se les pasó la mano en el ejercicio del poder, en sus ambiciones personales y en los negocios que realizaron a la sombra del poder. Esos excesos ya tienen consecuencias.