Segundo Informe de gobierno. Servicio Universal de Salud: ¿atención primaria de la salud?

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Gustavo Leal F.

Agosto 29 de 2026

El 2/8/26, la presidenta Claudia Sheinbaum declaró: “estamos al rescate de la salud pública, porque es un derecho. En nuestro sexenio construiremos 9 mil camas. Estamos mejorando la atención a la salud, la primaria, la de centros de salud. Y la vamos a ampliar: el Servicio Universal de Salud (SUS)”. La visión presidencial de “la primaria” apunta a medidas clásicas “preventivas” para atender daños ya materializados, cuando la atención primaria de la salud (APS) postula ausencia de enfermedad.

Durante su sexenio, los compromisos 41 y 45 de Cien Pasos para la Transformación y República Sana refuerzan oportunamente –también en términos electorales– la infraestructura médica, pero ello no es APS ni operar “preventivamente” en primer nivel. La misma visión sobre la “primaria” porta el subsecretario Clark (SSA) cuando “explica” cómo eficienta la compra de medicamentos “con un solo objetivo: que cuando un mexicano(a) vaya a clínica/hospital/centro de salud, el médico tenga medicamentos para recetarle y se vaya con atención gratuita de calidad” (5/8/26). ¿Dónde queda la APS y la ausencia de enfermedad? ¿La gratuidad/calidad es sólo para atender curativamente la enfermedad?

Exactamente lo mismo sucede con los responsables del IMSS/ISSSTE/IMSS-Bienestar (IMSS-B) cuando difunden que entre enero y julio de 2026, las instituciones otorgaron 101.2 millones de consultas de primer nivel y 31.7 millones de especialidad, y realizaron mil 887 millones de cirugías programadas. Comparados con el año 2022, los incrementos fueron de 28, 60 y 30 por ciento respectivamente (18/8/26). ¿Dónde queda la APS y la ausencia de enfermedad?

Igualmente, cuando el secretario Kershenobich inaugura un modelo –obligatorio para toda institución pública– “para anticiparse a la enfermedad”, que opera “preventivamente” sobre los daños a la salud, sin siquiera aludir a la ausencia de enfermedad (APS): el modelo de atención de diabetes/enfermedad renal crónica/afecciones cardiacas que, como comparten “factores de riesgo” y alteraciones orgánicas, serán tratadas “integralmente homologando la detección oportuna bajo la nueva entidad “síndrome-cardio-renal metabólico”. El modelo incorpora exámenes generales de orina más 50 claves de medicamentos en clínicas familiares y centros de salud (21/8/26). Pero resulta que en todas ellas ya se atienden daños.

Kershenobich alude también a “detección temprana de enfermedades como parte del SUS en 12 mil nuevos consultorios de primer contacto”. Pero ocurre que ellos ya atienden daños y ¿son nuevos o son la capacidad instalada en unidades del primer nivel IMSS-B? Si fueran “nuevos”, el IMSS-B sumaría 24 mil unidades de primer nivel. ¿Dónde queda la APS y la ausencia de enfermedad?

El modelo es absolutamente oportuno. Pero su viabilidad –además de la carencia de enfoque APS y para no quedar en mera teoría– dependerá de cómo puedan operarlo equipos de salud en zonas dispersas, más una formidable campaña de capacitación al 100 por ciento de esos equipos de primer nivel.

Finalmente, cuando Kershenobich pregunta “¿qué quiere decir atención primaria? No hay que esperar a que la persona vaya al hospital a recibir atención, sino que pueda recibirla antes, cuando empieza la manifestación de la enfermedad”. Eso no es APS que es ausencia de enfermedad. Eso es atender ya daños con la llamada prevención secundaria (modelo Leavell-Clark) para intentar detener el avance de una enfermedad.

Y mientras el subsecretario Clark asegura que “iniciaremos, a partir de enero de 2027, la ampliación de la red de servicios de atención primaria en 24 entidades federativas donde opera el IMSS-Bienestar. Vamos a poner a operar 12 mil 750 nuevos consultorios de atención primaria” (25/8/26). Pero ¿son

nuevos o son la capacidad instalada en unidades de primer nivel IMSS-B? En cualquier caso, no son de APS: se dedican a atender daños.

Todos los compromisos cumplidos de Cien Pasos para la Transformación y República Sana refuerzan oportunamente –también en términos electorales y para el segundo Informe de la presidenta Sheinbaum– la infraestructura médica, pero ello no es APS, sino medidas clásicas preventivas para atender daños ya materializados en el primer nivel. No trabajan todavía sobre la ausencia de enfermedad, que exige labor y diagnóstico de salud en la comunidad.

El equilibrio ausencia de enfermedad (APS)-cura (atención médica curativa) es la viga maestra para medir el verdadero impacto de cualquier política de salud. Sin restar méritos, el triunfalismo curativo es apenas la otra cara de la moneda: falta trabajar y medir lo que debió evitarse como enfermedad.

Confundir prevención curativa clásica sobre los daños ya materializados con verdadera APS y presentarla además abiertamente como “primaria” en el primer nivel no parece –a pesar de sus bienvenidos resultados estrictamente curativos– ni la más adecuada política pública, ni suficiente para un gobierno que se autoproclama diferente y sobre todo antineoliberal. Hay que trabajar ya simultáneamente sobre la otra cara de la moneda.

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