Nuevo León

2 de Octubre ¡No se olvida…!

RAÚL A. RUBIO CANO

Octubre 1 de 2019

Hace 50 años, estudiantes de la UDEM (con un mes de fundada), posteriormente del ITESM (habían marchado desde las puertas del Tec hasta el centro de la ciudad) y luego, el impresionante contingente de UNL con miles y miles de estudiantes, se reunieron en el cruce de las calles de Zaragoza y Padre Mier, para arrancar la gran marcha por el centro de Monterrey; marcha conmemorativa al primer año de la matanza del 2 de Octubre de 1968. Al igual que los estudiantes de gran parte del mundo industrializado, habíamos salido a las calles para exigir respeto a nuestras formas de pensar, de actuar, a tener órganos democráticos para tomar decisiones en nuestros centros de estudio y trabajo, a tener derecho a la educación profesional, al trabajo productivo, a ser libres y no ser reprimidos por los cuerpos policiacos y militares. A grandes rasgos, esa fue la realidad de muchos movimientos estudiantiles de esa gran parte del mundo que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial venía conformándose en los cuatro puntos del planeta y sobre todo, para el caso de la cultura occidental. Éramos fruto de una economía de postguerra, iluminada por máximas Keynesianas y de un boom demográfico muy singular y, las nuevas formas de relación infantil y juvenil no dejaron esperar para impulsar formas de hablar, vestir, de música, bailes, películas y en sí, una cultura donde el rock and roll puso lo suyo, empezando con el Rey de ello, el gran Elvis. El arraigo de identidad de esa generación de mediados del siglo XX, va desde el proceso migratorio campo-ciudad, impulsado por la industria y servicios, y por los barrios y colonias de la época; pero hubo algo clave que unió y masificó y fue en sí, el sistema educativo de los diferentes Estados Benefactores de esos años de postguerra y ello, nos convirtió en nacionalistas y soñadores por un mundo mejor para todos. Los contactos con la Madre Naturaleza desde niños por muy diversas maneras, sembró la semilla del respeto al medio ambiente y, la convivencia entre nuestros amigos de barrio, colonia, iglesia, clubs, distrito, municipio, estado y país, despertó el sentido de respeto a los demás, lo que después se llamaría derechos humanos. La revolución de los estudiantes de 1968 en el mundo, abrió expectativas en algunos sectores para el paso a la lucha social y armada, ante la cerrazón de vías democráticas para el caso no sólo de México sino de otros países como Alemania, Italia, Estados Unidos, etcétera y donde, las luchas de Liberación de los pueblos del imperialismo Yankee, con el ejemplo de Cuba, la guerra de Viet Nam, o las injerencias de Rusia, China y Corea, propias de la Guerra Fría, dejaban un ambiente de que la construcción de otra sociedad más justa y humana sí era posible. Calmar los ánimos y los sueños de esa poderosa y valiente juventud, implicó no sólo la represión más brutal e inimaginada por parte de los Estados, como fue en el caso de México, la matanza del 2 de Octubre de 1968 en Tlatelolco o, el 10 de junio de 1971. Pero tal vez lo más grave de esa represión, además del manejo nocivo de los medios de comunicación, fue la destrucción del sistema educativo que nos había hecho críticos e indomables y llevado éste a la disminución de la Lectura, la Escritura, el Pensamiento Abstracto, la Historia y la Geografía. Hoy, tanto el mundo como nuestro país viven nuevos despertares y por lo visto, la ciencia y la tecnología, la movilización ciudadana, los sistemas de comunicación y la lucha jurídica, apuntalan nuevas esperanzas para construir otra sociedad más justa y digna para todos y para la Naturaleza ¡Venceremos!

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