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Un alcalde corrupto hasta el tuétano

Rodolfo Zamora Rodríguez

Horizonte ciudadano

Rosa Esther Beltrán Enríquez

Diciembre 19 de 2014

 

Lo que ocurre en el municipio de General Cepeda no sólo es de lamentar, es indignante; aunque en Coahuila hay tanta corrupción, tantos asuntos graves que afectan a la  ciudadanía en general, que ya no se sabe a dónde mirar, a cuál dedicarle mayor atención, porque la vida pública del estado está podrida, sin exagerar.

Rodolfo Zamora Rodríguez, alcalde de General Cepeda y su familia han convertido al municipio en un feudo de cuya explotación se aprovechan para su beneficio con singular alegría y con absoluta impunidad en la manipulación de los recursos públicos que debieran aplicarse para el bienestar social de la empobrecida población de ese municipio.

Zamora tiene un formidable negocio familiar en el Ayuntamiento: su hijo Luis Ernesto, ex alcalde, es el mayor proveedor de servicios para la construcción y se le asignan obras importantes a  través de prestanombres; además, la esposa de Luis Ernesto es síndica jurídica del Cabildo y tiene sus empresas que son proveedoras de la Presidencia municipal; otro hijo es el proveedor de los comedores del DIF; un hermano del edil también es proveedor de servicios a la presidencia municipal y la esposa del alcalde acomodó a sus primos y sobrinos en diversos puestos de la administración zamorana, hechos que son claramente violatorios del artículo 52, fracción 13 de la Ley de Responsabilidades de los Servidores Públicos Estatales y Municipales del Estado de Coahuila (Vanguardia 11,12,14).

Por si algo faltara a esta colusión familiar, está desaparecido un millón 209 mil 738 pesos de la venta de terrenos del predio “El Tulillo” para la construcción del parque eólico, por supuesto que el alcalde dijo desconocer el asunto, él no sabe nada.

Otra granada de mano que el alcalde Zamora empuña es la de la construcción del cimari en el ejido la Noria de la Sabina, comunidad misérrima a la que el alcalde conforma con dulces y piñatas, obsequios que acrecientan su indigencia; con labia rastrera Zamora asegura a los ejidatarios que si ellos no quieren, él no autorizará el cambio de uso del suelo, ocultando que desde junio envió un escrito oficial dando su acuerdo con el proyecto y lo hizo sin informar al cabildo por lo que la batalla legal está perdida, porque todos los plazos vencieron en junio, cuando nadie sabía del proyecto (José Luis García), se rumora que Armando Luna Canales es quien mueve desde acá los hilos del proyecto mediante interpósita persona; es la legión de rufianes cuya voracidad es insaciable, es la tierra, el agua y la vida lo que hay que defender contra el despojo que el poder político y económico urde.

Para colmo, a este corrupto alcalde el gobierno federal le otorgó recientemente el premio por la “excelencia en gobierno municipal”; esta gente es el demonio y de este tamaño es la tragedia de los cepedences, talladores de lechuguilla y candelilleros, marginados ancestrales, víctimas del nepotismo de este canalla sin principios ni moral, ya me imagino como se estará riendo de mí, “principios, moral”, eso déjaselo a los principiantes, dirá.

Pocos se acuerdan de que durante su primera administración Zamora tuvo por su cuenta asaltos de vagones de ferrocarril y traslado de lo robado en vehículos de propiedad municipal, engaños y fraudes en compras y contratos de obra, por lo que fue inhabilitado para ocupar cargos públicos, aunque Rogelio Montemayor lo protegió y lo salvó de ser encarcelado. Ahora el tipo es protegido de Rubén Moreira, la misma ralea.

Tampoco hay que olvidar que “La Chopa” pretendió vender el agua del municipio, ofreciéndola a Agsal para aliviar el desabasto y la sobreexplotación de los pozos de Saltillo.

Este es apenas un prólogo de la historia de este pillo que tiene a su disposición y la de su familia los recursos de este municipio. La verdad sea dicha.

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