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Mediocridad y desinterés, en la Cumbre para el Cambio Climático, COP25

Horizonte ciudadano

Rosa Esther Beltrán Enríquez

Diciembre 12 de 2019

 Hoy termina la Cumbre para el Cambio Climático, COP25, celebrada en Madrid y como se había predicho, no hay grandes resultados, más bien predomina el desánimo, la decepción y la frustración por los mínimos avances registrados en las pláticas; la consigna con la que comenzó: “Terminó el tiempo de los diagnósticos, llegó el de la actuación”, no se alcanzó, varios países  proponen que se asuman mayores compromisos climáticos para 2020 y así alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 y responder a las evidencias científicas.

Las demandas de los defensores y activistas por un  medio ambiente sustentable  que reclaman a los gobiernos la adopción urgente de medidas frente a la crisis climática y a la necesidad de actuar, entre ellos los Fridays For Future, la Alianza por el Clima, los de la Alianza por la Emergencia Climática, 2020 Rebelión por el Clima, Cumbre de los Pueblos, las ONG ecologistas WWF, Greenpeace, SEO Birdlife, entre otros, expresan: “No hay planeta B”, “Si el clima fuera un banco, ya lo habríais rescatado” o “Emergencia climática. Medidas políticas ya” y “Ahora o nunca”, pero las exigencias caen al vacío.

La ministra de Medio Ambiente de Suecia, Isabella Lovin, quien ha apostado por “más acción” y una mayor ambición climática que aporte soluciones al planeta, ha demandado no quedarse en palabras huecas.

Michel Bachelet, Alta Comisionada de la ONU,  expresó de manera contundente que el cambio climático es el mayor peligro para los derechos humanos de las personas porque amenaza al derecho fundamental que es la salud ya que, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren 7 millones de mujeres y hombres por desastres provocados por el cambio climático por lo que los gobiernos tienen que tomar decisiones más determinantes en la lucha contra este problema que afecta sobre todo a mujeres y niños de poblaciones vulnerables, por ello es necesario cambiar los patrones de producción y los de consumo. ¡Nada más!

Hasta ahora, según la OMS, solamente 10 países están destinando el dinero suficiente para combatir en sus sistemas sanitarios los efectos nocivos del cambio climático para sus poblaciones, por lo que la titular de Medio Ambiente alemana, Svenja Schulze, ha insistido en que “es tiempo de actuar” y ha pedido, como el resto de sus colegas, lograr una gran ambición en esta conferencia.

Por su parte, la titular en funciones para la Transición Ecológica de España, Teresa Ribera, ha reiterado la necesidad del multilateralismo para dar respuestas globales a esta emergencia. “Hay que trabajar de manera más fácil y más rápido en todos los ámbitos, con respuestas que engloben a todos los sectores”, dijo.

Hablando de acciones, una de las más fáciles implica cambiar algunos hábitos en las dietas porque lo que comemos tiene un impacto directo sobre el cambio climático.  Los expertos recuerdan que no se trata de evitar alimentos, sino de moderar el consumo de algunos: comer más productos vegetales y menos carne, porque la producción y el transporte de carne de res, provocan altas emisiones de CO2.

Por otra parte, los defensores del clima exhortan a disminuir los viajes aéreos, porque los vuelos comerciales expulsan cada año cerca de 900 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, y según los científicos, por cada tonelada se derriten 3 metros cuadrados del Ártico, por lo que los grupos ecologistas exigen medidas urgentes para frenar el número de vuelos.

Estudiar, conocer y cuidar mejor los océanos que cubren el 71% de la superficie terrestre y son parte integral de la vida, debiera ser un objetivo primordial de los líderes del mundo.  En fin, en la COP25 mucho gasto y escasos resultados. ¿Será que estamos ante otra estrategia fallida? Eso parece.

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