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La ruleta nacional, la mecánica de la política en México

// Del   Tintero //

Fidencio Treviño Maldonado

Julio 1 de 2019

    La ruleta es un juego de mesa, común en los que buscan la suerte, el destino y apuestan a diferentes números. La ruleta para el mexicano tiene muchas connotaciones, significados que van desde la buena o la maldita suerte hasta jugarse la vida en ella y puede ser en una jugada de baraja, pelea de gallos, carrera de caballos, por un desdén y hasta por un desamor o una simple apuesta. El 98 % de los mexicanos estamos labrados de circunstancias, esto desde que nacemos en ese juego del destino y que en la ruleta nos toca nacer en cuna de seda o en vil petate, de esto aun con la trasformación, mecanización, modernización y tecnología en que la sociedad está sometida, no ha cambiado, ya que en cualquier proyecto  aldeano, de nación o universal existen hombres y mujeres que piensan por nosotros, es decir desde niño se recibe una educación dogmática o conductiva, repleta de perjuicios y muchas veces pragmática, dejando fuera el juego de la ruleta ya que todo está resuelto, esto incluye la percepción política en acuerdos y directamente en donde la suerte nada tiene que ver, mutilando la ruleta. El mexicano no sólo juega a la ruleta y, muchas de las veces apuesta sin siquiera darse cuenta, postula la trascendencia de estar vivo y se juega la vida en cada circunstancia que la vida le presenta, es jugar a la ruleta, es verse en el espejo de la vida y la muerte y de ahí que matamos porque la vida vale poco o nada, porque la vida nos cura de susto y la muerte alivia el empacho, porque para eso se nace, para morir, porque morir es natural y cuanto más pronto mejor y, a estos otros miles de refranes del mexicano, él se la juega  en la ruleta, un juego que está presente en la vida y la muerte, dos destinos que caminan paralelos, nunca convergen, ni se cruzan y así separadas se pierden.

       Cada 6 años los mexicanos jugamos a la ruleta con el destino de la nación, esperando la lectura de un nuevo testamento para una herencia de los 130 millones de habitantes y, de nuevo se lanza y escoge el número que jugara en la ruleta política nacional, en donde se desconoce las ideas de cada gobernante, la ruleta juega entre la desconfianza, el temor, el recelo, el disimulo y ponemos la esperanza entre la baraja, los dados cargados y en la mayoría de las ocasiones sólo nos deja una incertidumbre muy lejana que nos hace aparentar que ganamos el premio. Es difícil saber el destino que nos depara el futuro, un horizonte muy difuso, confuso para los que apenas están llegando ( Niños y Jóvenes ), los que tal vez sólo se tendrán que conformarse con la tecnología  de los que mandan en el mundo, invitándolos a crecer, a ser combativos, a vivir con lo que se les paga, un salario de miedo, a ir siempre a la defensiva, a producir más y sin embargo no salir de la pobreza o la estupidez que muchas veces y en algunos da el ser un empleado cuando lo hacen jefe, director, capataz o mayordomo y ni siquiera tener una pizca de libertad, menos participar en el juego de la ruleta, en donde el individuo sale de ese conductivo modo de vivir y se sacude el dogma que le han impuesto y va al mundo  a jugársela, a pelear con él mismo.     

       El mundo carece de héroes, los ídolos de barro crecen como pasto en tierra húmeda, pero caen muy rápido, la ruleta de la vida nacional gira muy lentamente y parece que todos predicen lo que está por venir, siempre desde luego con un mexicano que tiene la suerte a sus espaldas, carentes de gente que conspire con un criterio que  no sólo ofrezca esperanzas, sino de credibilidad a lo prometido, ya que según la historia nacional, el 99.0009 %  de los mexicanos por generaciones hemos sido engañados y dejamos que la ruleta la manejen a su completo criterio los que ostentan el poder, de ahí la poca o nula suerte que el pueblo ha tenido. En los casinos del mundo la ruleta es un juego a la luz de todos, en México quienes manejan la ruleta parece ser que siempre lo hacen en las tinieblas, prediciendo quienes son los perdedores, sin embargo nuestra idiosincrasia nos dice que así nos gusta vivir a la mayoría de los mexicanos, seguir en el juego de la ruleta nacional, desafiando todo, seguir siendo la raza de bronce, no por el color, sino porque aguantamos todo, por orgullosamente ser descendientes de Cuauhtémoc y tomar el destino como venga. Sugerencias y Comentarios; kinotre@hotmail.com   

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