Archivo 2006

Echeverría y Nazar Haro, implicados en la guerra sucia exonerados

 

Nazar Haro ya podrá acariciar sus tigres tranquilamente

Juan Monrreal López

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Octubre 12 de 2006

2 de octubre ¡no se olvida!

Torreón, Coahuila.- La exoneración de Luís Echeverría Álvarez y Miguel Nazar Haro, dos de los miembros más representativos de la guerra sucia en México ha echado las últimas paladas de impunidad para sepultar la existencia de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp). Los testimonios de los agredidos o familiares de los desaparecidos y torturados por Echeverría y Nazar, no fueron pruebas suficientes para procesar a estos personajes que abusando del poder atormentaron y desaparecieron personas para “preservar la paz social en México”, como siempre arguyeron.

El 18 de febrero de 2004 agentes de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI) detuvieron al ex titular de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) Miguel Nazar Haro, que siempre fue señalado como el policía “arranca confesiones” por excelencia, según testimoniaron quienes fueron martirizados por él.

Arrestado por la AFI bajo el cargo de haber participado en la desaparición de Jesús Piedra Ibarra -un 19 de abril de 1975 en pleno auge de la guerra sucia en México-, Nazar fue a parar a las instalaciones de la Procuraduría General de La República (PGR), trasladándosele después al penal del Topo Chico, en Monterrey, Nuevo León.

Prisionero a raíz de las denuncias fincadas por la Femospp, los cargos, “siempre fueron incompletos”, según dictaron los jueces del caso.

Nunca se le indició por desaparición forzada de las personas, un delito de lesa humanidad, por tanto, imprescriptible. México había ratificado en el 2002, la Convención Interamericana concerniente a la desaparición forzada de las personas.

De cualquier manera, la aprehensión Nazar Haro representó la esperanza de aplicar la ley a quienes amparándose en el sobado argumento de prestar “servicios a la patria” delinquen hasta llegar al trance ignominioso de esfumar ciudadanos.

Lamentablemente, la fiscalía dirigida por Ignacio Carrillo Prieto siempre dejó una puerta de escape para este policía político, rendija que aprovechó.

De hecho, la Femospp nació acotada, incluso restringida en sus alcances constitucionales. La Fiscalía fue un barniz de apertura democrática del gobierno foxista.

Como miembro de la Convención Interamericana, en México la desaparición forzada de personas entró en vigor como delito de lesa humanidad, de acuerdo al Artículo 133 constitucional.

No obstante, la querella contra Miguel Nazar se fincó como privación ilegal de la libertad, equiparable al secuestro, resquicio por el que finalmente salió exonerado. Nazar inauguró junto con Juventino Romero Cisneros y Carlos Solana Macías las detenciones fincadas por averiguaciones de la Femossp. Pero hasta allí.

Romero Cisneros permaneció año y medio en el penal del Topo Chico en Nuevo León, mientras que Solana Macías fue apresado apenas en diciembre de 2005 en el Distrito Federal.

Nazar salió rápidamente de la cárcel y fue confinado en su casa de manera “preventiva”. Paradójicamente, quizá sean los autos de libertad dictadosa favor de Nazar , – merced a los amparos interpuestos ante el Poder Judicial de la Federación-, los que derrumben la existencia de la Femospp, pero lo más grave, será sin duda el cierre definitivo de los expedientes para conocer la verdad acerca del periodo de la guerra sucia en México.

El desinfle de las organizaciones de Derechos Humanos

La detención de Miguel Nazar, uno de los más temidos policías políticos aquel 18 de febrero de 2004, generó de inmediato reacciones de esperanza de Human Rights Watch. A través de José Miguel Vivanco, dijeron que “este arresto podría marcar el inicio del fin de tres décadas de impunidad para algunas de las peores violaciones de los derechos humanos en México”.

Dos años después, Nazar Haro se encuentra libre en su casa y lo más probable es que la Femospp desaparezca mucho antes de que se aclaren los lugares donde fueron esfumadas algunas personas, desaparecidas desde los años setenta.

El propio Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez consideró la fecha de detención de Nazar como un paso importante para “esclarecer los crímenes de los años sesenta a los ochenta”.

Pero la realidad de las instancias judiciales distó mucho de acercarse a la estricta aplicación de la Ley. De hecho, Nazar Haro ni siquiera permaneció en la cárcel todo el tiempo que pesó sobre él la orden de detención. Desde el año pasado permanece en su vivienda luego de obtener el beneficio legal de la prisión preventiva domiciliaria.

Los tigres de Nazar

Miguel Nazar adora los tigres. Quienes cayeron en sus manos, cuentan del gran número de fetiches que reúne de este animal. Cuadros, enormes felinos disecados en su penthouse de Insurgentes Sur. Al menos así lo narró el sicario de la información Roberto Gallardo Gómez.

Gallardo Gómez conoció a Nazar Haro producto de una querella que mantenía con Sigfrid Molet Gurrera. Nazar representaba los intereses de Molet, por lo que citó a Gallardo Gómez al penthouse que mantenía o mantiene en el 1855 de Insurgentes Sur en el Distrito Federal. Allí, contó Gallardo Gómez, “se sintió chiquito” ante los tigres disecados que estaban en la puerta del departamento. También contó que Nazar mantenía un tigre vivo en una terraza interior de ese lugar, “para lo que se pudiera ofrecer”.

Sucio al fin, Gallardo se hizo “amigo” de Nazar, y de acuerdo a sus propias palabras, eso le sirvió para filtrar la información en contra de la revista Proceso mediante el expediente del Consorcio Azucarero Escorpión (CAZE). “Nazar odia esa revista amarillista”, dijo. Luego, el sicario actuaría en contra de otros medios de información, entre éstos, Imagen Médica.

Los cuadros con tigres que mantenía Nazar en las oficinas de la policía política ya han sido narrados por las personas que tuvieron la desgracia de caer en manos de este “criminal sin sentencia”.

Testimonios

La característica operativa del grupo de Miguel Nazar fue siempre pisotear la ley, la violencia extrema y la humillación de los detenidos eran su marca personal. Nazar era todo, brazo ejecutor de la policía, agente del ministerio público, en suma, dueño de cárceles y escoltas.

Militantes de diversos grupos guerrilleros de los años setenta lo identifican como responsable de la llamada guerra sucia.

Exintegrantes del Frente Urbano Zapatista (FUZ), la Liga Comunista 23 de Septiembre, la Brigada Lacandona de Hidalgo, entre otras organizaciones armadas, narraron a la Femospp las aberraciones a las que fueron sometidos. Y todos coincidieron en apuntar a Miguel Nazar como torturador.

Entre los expedientes en poder de la Femospp se encuentra el testimonio de Lourdes Uranga López, ex participante del FUZ quien narró el ensañamiento de Nazar con los detenidos. Lo de menos fue la detención a golpes. Después se les torturó hasta con lo más elemental, realizar sus necesidades fisiológicas frente a los torturadores. Todo esto en cloacas, lugares de detención clandestinos, cárceles no inventariadas.

Con todo, Nazar siempre se autodefinió como “un buen interrogador”, nunca aceptó ser un torturador.

Torturador agraviado

Miguel Nazar mantiene denunciado al titular de la Femospp, alega que las acciones de Carrillo Prieto son de “desquite”. Dice que Carrillo tiene presunta responsabilidad en los delitos como difamación, contra la administración de la justicia y coalición de servidores públicos; finalmente, le atribuye matiz de venganzas de tipo familiar a la investigación.

Y es que una prima de Carrillo Prieto participó en los grupos guerrilleros de los años setenta. En realidad, la fiscalía nunca cumplió con el cometido por el que fue creada. El aparato foxista la usó para pasar con buenas calificaciones la supervisión de derechos humanos de la Convención Interamericana.

Los delitos de lesa humanidad no prescriben. Si verdaderamente hubiera sido la intención castigar a quienes se solazaron en baños de sangre como sinónimo de aplicación de la ley, el creador de los llamados Halcones de 1971, el general Manuel Díaz Escobar, así los generales Acosta Chaparro, Quiroz Hermosillo, Luís de la Barreda Moreno y el autor intelectual de esta guerra sucia, Luís Echeverría Álvarez, junto al recién fallecido Mario Moya Palencia, debieron haber pasado por una verdadera investigación, por un proceso público, como públicas son las tropelías que cometieron contra ciudadanos mexicanos que disintieron con el gobierno.

Pero en México la impunidad es cultura y el carácter de venganza de los cuerpos policíacos y políticos no se ha ido. Hoy siguen los ataques a los disidentes, no importa que los pueblos no quieran a “sus gobernantes”.

Ahora es el caso de Oaxaca, ¿qué quieren que siga?

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