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Coahuila, anulación de elecciones por concertacesión

Horizonte ciudadano

 

Rosa Esther Beltrán Enríquez

Julio 11 de 2017

 

Venceréis porque tenéis sobrada fuerza

bruta pero no convenceréis.

Miguel de Unamuno

 

 

En Coahuila casi todo es nulidad. La probabilidad de que sea anulado el cantado triunfo  electoral de Riquelme y su, Por un Coahuila Seguro, flota en el ambiente del País; las élites de la política nacional evocan las concertacesiones inauguradas por el ex Presidente Carlos Salinas y ceder la gubernatura de este estado a otro partido que no sea el PRI, es posible, porque la prioridad para la Presidencia de la República es conservar intacta la joya de la corona, la gubernatura del Estado de México, así que acabar con más de 80 años de priismo coahuilense y arrasar a la dinastía moreirista pasa a ser cosa menor.

Cierto, hay que atender a los llamados a la prudencia, pero la historia enseña, porque, “negociar, arreglar, conciliar” ha sido la especialidad de las élites de los partidos políticos y de las autoridades federales y estatales; en la elección presidencial de 1988, cuando los principales candidatos competidores eran Carlos Salinas del PRI y Cuauhtémoc Cárdenas del movimiento, Frente Democrático Nacional, el primero se arregló con el jefe Diego Fernández de Ceballos, excelente negociador panista y a cambio de puestos en el gabinete y en el Congreso de la Unión, gubernaturas y presidencias municipales, el panismo le dio el reconocimiento del triunfo en esas elecciones a Carlos Salinas, con un resultado que quedó en tela de duda.

La limpieza y credibilidad de las elecciones, condiciones sine qua non estos procesos pasan a ser un mero trámite, algo inocuo, están en entredicho, la nulidad es una avalancha, los principales partidos, el PRI y el PAN están en la palestra, no sólo en la elección de gobernador, también en algunas alcaldías y diputaciones, así que, la pregunta es ¿hacia dónde vamos, para qué sirve salir a votar? También los ciudadanos somos anulados cuando se despoja de poder al sufragio.

La costumbre del PRI de acudir a todo tipo de argucias, falsedades y  mentiras se mostró esta semana con claridad cuando Enrique Ochoa, presidente del PRI, aseguró que su partido no pagó a los representantes de casilla pero luego los citó para que suscribieran una carta en la que negaban que hubieran recibido ningún  pago, tanto algunos de los del PRI, como del Panal que participaron como representantes  reconocieron que acudieron a firmar para de este modo disminuir ante el INE el reporte del gasto priista (EL NORTE).

Lo que puede verse con claridad es que la elección del 4 de junio fue un ensayo de lo que será la elección del año próximo, una elección de Estado, unos comicios sin credibilidad; esa será una elección crucial porque el país se encuentra en una situación muy grave, porque la violencia crece sin freno, la corrupción carcome a las instituciones, la polarización social se agudiza, en fin, este es un país cada vez más tóxico.

Presenciamos una degradación social, económica, política y ética, vivimos en un país de componendas en el que la clase política se niega a perder lo que ha atesorado, de ahí que no esté dispuesta a renunciar a que el status quo cambie, así que harán lo que esté en sus manos para mantener intacta  la maquinaria de guerra sucia, de compra de votos y de representantes electorales, un árbitro electoral sin credibilidad ni transparencia, falta de legalidad y de legitimidad en los comicios, ¿hace falta más?

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